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Dr. Tomás Buch

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Primera Graduación

Primera Graduación

El 7 de junio de 1958 se graduó la primera promoción de licenciados en física del Instituto Balseiro. El discurso pronunciado por el Dr. Balseiro, en particular al dirigirse a los graduados, y la crónica escrita por el Dr. Juan Mc Millan pocos días después, mantienen aun hoy un indudable interés.


Palabras del Dr. José Balseiro

1958: Discurso del Dr. José A. Balseiro Señor Rector de la Universidad de Cuyo, Señor Presidente de la Comisión Nacional de Energía Atómica, Señor Presidente de la Misión de la Organización Internacional de la Energía Atómica, autoridades locales, señoras y señores. Hace tres años, el 1ro de agosto de 1955, un grupo reducido de profesores y más reducido aún de asistentes, comenzábamos en un aula improvisada la tarea que, cumplida en su primera etapa al egresar de este Instituto su primera promoción, celebramos hoy con este acto al que honran con su presencia las autoridades máximas de la Universidad de Cuyo y de la Comisión de Energía Atómica. Como es de público conocimiento este Instituto fue creado por iniciativa de la Comisión Nacional de Energía Atómica en Convenio con la Universidad de Cuyo y financiado por la primera institución. Se nos confió a nosotros la responsabilidad y el privilegio de darle forma y espíritu. Estamos convencidos de haber cumplido con las esperanzas y confianza que fueron depositados en nosotros: al dar al país nuestros primeros trece licenciados podemos afirmar, con cierto orgullo legítimo, que el nivel científico alcanzado por esos egresados no desmerece frente a los egresados de otros centros de estudio del mundo. No pretendo con esto que hemos logrado el máximo de lo posible. Todo lo contrario, hay todavía mucho por mejorar, mucho que afirmar y cimentar. En este sentido debo aclarar que, para cumplir esta primera etapa ha sido necesario, y no hubiera sido posible en otra forma, contar con el aporte de otros profesores del país y del extranjero que complementaran y ampliaran la labor del cuerpo estable de profesores que reside en Bariloche. Ha sido necesario improvisar laboratorios, acelerar construcciones, solicitar en préstamo instrumental, efectuar adquisiciones con suma premura y esto, a veces, apartándose de las estrictas normas administrativas. Todo esto ha sido posible, y siento la obligación de dar público testimonio de ello, en primer lugar, merced a la diligincia y solicitud que las autoridades de la Comisión Nacional de Energía Atómica, involucrando en ellas a las del Centro Atómico Bariloche, han tenido siempre para resolver los problemas que plantea el funcionamiento de este centro de estudios, destacando en forma especial las facilidades otorgadas para que miembros de su calificado personal científico colaborara en tareas docentes. No en menos debe apreciarse el decidido apoyo prestado por las autoridades de la Facultad de Ciencias de San Luis y del Rectorado de la Universidad de Cuyo. Todo ello ha permitido que la distancia y las dificultades en las comunicaciones no plantearan problemas sino de muy segunda importancia. Este decidido apoyo de la Comisión Nacional de Energía Atómica y de la Universidad de Cuyo es lo que ha permitido proseguir las actividades en forma fructífera. Pero todo ello no hubiera sido más que una expresión de deseos si no se contara con la labor ejemplar del cuerpo docente cuya dedicación, desinterés y espíritu de colaboración han permitido crear el ambiente propicio y compensar la gran dificultad de su escaso número. Por último deseo también hacer público mi reconocimiento a todos aquellos que han colaborado y colaboran en forma directa o indirecta en estas tareas.

Señores egresados: Quisiera que las palabras que les dirijo, que son palabras de despedida como alumnos, no las escuchen como un discurso impuesto por las circunstancias. Mi deseo, más bien, es que resuenen en ustedes como mi última lección. Una lección que resuma, no la física y las matemáticas que bien han aprendido, sino los principios de ética académica, corrección, hombría de bien y patriotismo que hemos intentado inculcarles con la prédica y el ejemplo. En primer lugar, no deben olvidar que la formación recibida es fruto de la confianza que se ha tenido que en nuestro país existe una juventud capaz, ansiosa de aprender y progresar y que en condiciones adecuadas puede alcanzar el nivel de las juventudes de países científica y técnicamente más adelantados que el nuestro. Hasta el día de hoy ustedes han demostrado que esa confianza es justificada. En el futuro la evolución de ustedes debe estar acondicionada por las dos metas fundamentales que justifican la hermosa carrera que han elegido: la investigación y la generación de discípulos. No es privativo únicamente del superdotado la creación científica y estoy seguro que todos ustedes en mayor o menor grado pueden lograr ser investigadores capaces de obtener resultados que les pertenezcan. Pero también les compete participar en una tarea de fundamental importancia: la de contribuir a la formación de un ambiente propicio, porque, a diferencia de los países científicamente adelantados, donde la tradición académica es secular, en el nuestro es incipiente. Tengo el más profundo optimismo respecto de las posibilidades intelectuales y en el futuro de nuestro país. Pero ese optimismo no implica que crea que ese futuro promisorio pueda lograrse sin lucha ni esfuerzo. Otros han abierto para ustedes los primeros senderos y echado los cimientos. A ustedes les cabe participar en la tarea de convertir los senderos en caminos y los cimientos en edificios. Pero no es tarea sencilla y que pueda realizarse sin esfuerzos ni desazones. Como la investigación, la formación de discípulos tiene también algo de creación. Pues bien, señores, la conciencia de haber producido algo que tiene con uno una relación de pertenencia no alcanzable por los bienes materiales conduce a una plenitud espiritual que es la compensación del ciento por uno de los desvelos, frustraciones y desazones. Pero estos tres objetivos sólo pueden alcanzarse dentro de un marco de normas éticas y de conducta, y que, si se apartan de ellas dañarán su propia labor y, lo que es peor aún, dañarán la ajena. En primer lugar deben tener presente sus obligaciones y deberes antes que sus derechos, por legítimos que estos sean. Deben llegar a poseer un profundo conocimiento de sus propias limitaciones y defectos. Esta es la forma de lograr superarse a si mismos y transformar sus defectos en cualidades y único camino hacia la modestia, no la modestia teatral, no la arrogancia de sentirse modesto, sino la auténtica, la espontánea, la virtud cardinal del hombre de ciencia. Deben tener un profundo respeto por el trabajo ajeno. Respeto por el que más sabe y puede más, pero también respeto por el menos dotado, el que puede menos pero que realiza su labor con humildad, tesón y cariño. No creo que haya un índice más patético de incultura, exceptuando la violencia, que la falta de respeto por el trabajo ajeno. Esta falta de respeto es una forma de destrucción y quien destruye el fruto del trabajo ajeno bien puede ser calificado de salvaje, esto es, la incultura en su más prístina forma. Deben lograr desarrollar al máximo el sentido de la justicia y la responsabilidad. Las críticas y protestas raramente son fecundas. Si nos dejamos arrastrar por ellas muy probablemente cometeremos injusticias. Esto no significa aconsejarle pasividad o transigir en tomar el camino más fácil de la sumisión. No. Llegado el momento puede ser irresponsabilidad o cobardía el no tener la voluntad o valor de plantear una crítica sana. En tal caso la crítica debe ser hecha en forma clara y fundada. Muy distinto es, aunque morfológicamente la palabra sea la misma, el espíritu crítico, cuyo desarrollo debe también lograrse al máximo posible. El espíritu crítico es toda disciplina indispensable en el trabajo científico, en la valoración de la obra propia y ajena. Significa el manejo de normas que nos conducen a aceptar lo correcto y deshechar lo incorrecto. En el juicio de las personas, a descubrir su valor y rechazar al relumbrón o al impostor. Pasando de las normas éticas que deben orientar sus conductas, a las tareas para las cuales han sido preparados deben tener siempre presente que la labor científica exige una vocación real y una dedicación absoluta. En esto no hay medias tintas. Siempre podrá buscarse un justificativo para apartarse de esta exigencia. Pero en tal caso es siempre preferible puntualizar claramente que no se tiene la templanza y la fortaleza espiritual para sobrellevar dificultades inherentes a esta exigencia y dedicarse explícitamente a otra actividad en la que igualmente podrá ser útil a la sociedad. En caso contrario es avenirse a representar una farsa. Ustedes están llamados a prestar un concurso de ponderable valor para el progreso de nuestro país. Es posible que ello implique por parte de ustedes algunos sacrificios, pero la conciencia que esos sacrificios son necesarios es para nosotros el sentido del patriotismo. A nuestros próceres se les exigió el riesgo de su vida sino de su vida misma. A ustedes sólo se les pide contracción al trabajo y llegado el caso algunos renunciamientos que serán ampliamente compensados por el logro de sus afanes. En el silencio de los gabinetes, en el recogimiento de los laboratorios y aulas sin ostentaciones ni ampulosidades, ocuparán una posición preeminente en la sociedad. Que para eso tienen la inteligencia que Dios les ha dado y para eso son las oportunidades que la Patria les ha brindado.


Crónica del Dr. Mc Millan

Primera colación de grados en la Escuela de Física de San Carlos de Bariloche

1958: Despedida de la primera promoción en la estación de trenesEl 7 de Junio próximo pasado tuvo lugar la primera colación de grados del Instituto de Física de San Carlos de Bariloche, de la Universidad de Cuyo, creado tres años antes. Trece licenciados en Física recibieron ese día su título, a los escasos veinte días de haber asistido a su última clase, luego de tres años de estudios en el Instituto, al que ingresaran en el año 1955, algunos de ellos en las condiciones mínimas exigidas: segundo año aprobado de Universidad en las carreras estrechamente vinculadas a la disciplina en que se graduaron, otros con carreras avanzadas, y otros, por fin, profesionales, entre ellos un entonces Capitán del Ejército Argentino, egresado de la Escuela Superior Técnica, hoy recientemente ascendido a Mayor. El acto de colación contó con la presencia del señor Rector de la Universidad, el señor Presidente de la Comisión Nacional de Energía Atómica, organismo que subvenciona los gastos del Instituto, los integrantes de la misión de la Organización Internacional de Energía Atómica que hace poco nos visitara, presidida por el Director del Laboratorio Nacional de Argonne (USA), Dr. Norman Hilberry, y las autoridades locales. Hicieron uso de la palabra sucesivamente el señor Director del Instituto Dr. José A. Balseiro, el señor Rector Dr. Pascual A. Colavita, el licenciado Leopoldo Falicov, en nombre de los egresados, el Capitán Quihillalt Presidente de la CNEA, y el Dr. Norman Hilberry.

Debemos destacar especialmente las palabras del Dr. Colavita, que atribuyó a esta colación de grados el segundo jalón cronológico en la historia de la física de nuestro país, habiendo sido el primero la creación del Instituto de Física de La Plata por el Dr. Emil Bose, las emocionadas palabras del Capitán Quihillalt, a quien le cupo una destacada actuación en los primeros momentos del Instituto, cuando profesores y alumnos debían luchar juntos contra su propia inexperiencia, la carencia de facilidades, los rigores del clima y el aislamiento, y las del Director del Instituto, hombre clave sin cuyos desvelos esta obra no hubiera sido posible, que, dirigiéndose a los recién egresados, les indicó claramente el camino a seguir. Agreguemos además que la emoción cortó en más de una oportunidad la voz de los oradores, y muchas veces nubló los ojos de profesores y alumnos, recordando las vicisitudes vividas, los accesos sucesivos de optimismo y depresión, la duda y la esperanza, que cristalizaban por fin en ese acto, en el cual se entregaban al país trece físicos, con la satisfacción de haber recorrido el camino previsto.

Poco hay que agregar al comentario del acto en sí. Tuvo lugar un sábado, un día hermoso, no abundantes en esta época, en el local de la Biblioteca del Instituto, que es a su vez salón de actos en dos oportunidades anuales, la colación y la recepción de nuevos alumnos, y donde la noche anterior se había escuchado bajo su techo un excelente concierto de música de cámara presentada por un cuarteto de cuerdas y un piano de la Escuela de Música de la Universidad de Cuyo, especialmente enviados para esta oportunidad. La noche del sábado, después de todo la juventud impone que no todo deba ser académico, tuvo lugar un baile, que se extendió, por supuesto, hasta la madrugada del domingo, y en el cual el probervial ingenio característico de la edad ofreció por parte de los alumnos parodias amables y acertadas de los profesores dando clase con sus muletillas y ademanes, sus olvidos y distracciones y, por que no?, sus titubeos y dudas. Una nota particularmente simpática: los recién egresados hicieron al Director del Instituto dos regalos, el primero en broma, el segundo en serio, y ofrecieron a su señora un hermoso ramo de flores. Y para terminar, aunque no ya comentando el acto, el lunes siguiente el cuerpo de profesores acudió a la estación a despedir a los que se iban, dejando en Bariloche tres años de vida, de trabajo, de alegrías y angustias, y vieron, con una extraña mezcla de tristeza y satisfacción, cómo se alejaba el tren, con los ex-alumnos coreando desde la ventanilla el Gaudeamus Igitur. Así terminaba la primera etapa de la formación del Instituto.

Juan A. Mc Millan