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ENTREVISTA A VERÓNICA GRUNFELD, GRADUADA DE LA 1ra PROMOCIÓN DEL BALSEIRO- PARTE II

Para Grunfeld, estudiar en el Balseiro fue una decisión de vida (Crédito Prensa Instituto Balseiro).

“El Instituto ofrece un espíritu de pertenencia, de tradición y de una historia compartida”

Luego de tres años de un ritmo intensivo de estudio, Verónica Grunfeld y sus compañeros de cursada lograron el anhelado sueño: se recibieron de Licenciados en Física, en 1958. Así, iniciaron una tradición que en 2015 sigue vigente: el hoy llamado Instituto Balseiro genera egresados todos los años, ahora no sólo de Física sino también de diversas carreras de Ingeniería.

Fecha de publicación: 31/07/2015

A partir de su graduación, Grunfeld comenzó su carrera como investigadora y docente, con varias estadías en el extranjero de por medio. Trabajó como investigadora de la CNEA, en el Centro Atómico, durante toda su vida. Y nunca dejó de lado lo que más le apasiona: la docencia.

En esta segunda parte de la entrevista realizada a Verónica Grunfeld (ver la primera parte en este link), la investigadora, que se jubiló hace 15 años, cuenta anécdotas vividas en las aulas del Balseiro y opina sobre el estado actual del Instituto además de la situación de la educación media. También, relata sus aportes en la enseñanza de las ciencias y en la física médica. Esta nota, presentada en dos partes, integra una serie de entrevistas realizadas por el 60º aniversario del Instituto (las clases comenzaron en este Instituto el 1 de agosto de 1955).

UNA VIDA DEDICADA A LA INVESTIGACIÓN Y LA DOCENCIA

Está acostumbrada a ser una pionera –fue la primera mujer egresada del Instituto y la primera Vicedirectora del mismo– pero destaca que nunca recibió un trato diferencial por cuestiones de género. Recuerda varias anécdotas sobre charlas con sus profesores, que marcaron su vida. Destaca que una de sus mayores satisfacciones a nivel profesional es haber organizado cursos de enseñanza de las ciencias para docentes de nivel medio de todo el país. Y remarca la importancia de la utilización de Internet en la educación, que permite por ejemplo dar clases virtuales.

-Se recibió en 1958, en la primera promoción de egresados del Instituto. ¿Qué hizo a partir de ese momento?

-Seguí trabajando… Estaba haciendo mi tesis con Balseiro. Trabajé de Jefe de Trabajos Prácticos, porque hacía falta mucha gente que ayudara en los cursos. En el ‘62, obtuve una beca de la OEA para hacer un posdoctorado en Berkeley y estuve dos años allá. Regresé y después me quedé trabajando en el Centro Atómico y dando clases en el Instituto. Primero como ayudante, después como jefe de trabajos prácticos, profesora y así.  En 1980 – 1981 fui contratada para dar cursos en la Universidad de California en Davis.

-¿En qué campo investigó durante su vida?

-Trabajé en física de materia condensada. No hacía trabajos de laboratorio pero colaboré como teórica en publicaciones en distintos temas.

-En comparación con lo que es ahora el Instituto y lo que era antes, ¿cambió mucho?

-Sí, por supuesto. Es una cuestión de escala. O sea, por suerte, hay una masa crítica de gente ahora. Hay cosas que ni se hubieran podido soñar en ese momento. En realidad, es casi un milagro que el Instituto haya progresado de ese estado embrionario hasta ahora tener tanta masa crítica de gente

-¿Qué cosas no se podían soñar en sus inicios?

-Para poder tener tantos grupos de trabajo diferentes, hay que tener una cierta cantidad de gente idónea. Simplemente tener toda esa gente preparada y gente con capacidad de guiar e iniciar una línea de investigación… Eso lleva tiempo y necesita sobre todo continuidad. Que eso se pueda mantener en el tiempo hasta que se consolida el grupo, y luego se amplía, se divide y se abren nuevas cosas. Todo eso lleva años y años de un trabajo constante.

-¿Cómo veía Balseiro en aquellos primeros tiempos el futuro del Instituto? ¿Cuál era su sueño?

- El sueño de José Antonio Balseiro era alcanzar a hacer lo que hoy es el Instituto: un centro de formación universitaria de nivel internacional. Quiero remarcar que esto fue posible gracias al permanente apoyo y compromiso de la CNEA y la Universidad de Cuyo”.

-Como investigadora, ¿le hizo alguna diferencia ser mujer durante toda su carrera?

-No, no. Cuando llegué a Estados Unidos, era un bicho raro. Porque allá la proporción de mujeres científicas era peor que acá en Argentina. Que es un dato… Pero yo nunca sentí diferencias, para nada.

-Usted llegó a ser Vicedirectora. ¿Por qué piensa que ninguna mujer volvió a ocupar ese cargo e incluso tampoco hubo hasta ahora una Directora del Instituto?

-No creo que el problema sea ser mujer, para nada. Honestamente. No creo que sea un cargo tan envidiable, tampoco (risas).

-¿En qué año fue Vicedirectora?

-Fui Vicedirectora con Carlos Mallman, en los años 66-67 aproximadamente. Esto era ex oficio. No existía el cargo. La burocracia necesaria para instituir un nuevo cargo en la universidad era inmensa. No era algo que el Director pudiera decidir de un día para el otro. Tenía que pasar por varias instancias. Pero Mallman necesitaba a alguien que lo ayudara. Muchos de los cargos en esa época fueron ad honorem, muchos de nosotros trabajamos muchos años ad honorem, porque incluso para los cargos de ayudantes o de jefes de trabajos prácticos siempre faltaba 5 para el peso. Siempre había menos cargos que gente trabajando. Sin embargo, nunca faltó gente dispuesta a colaborar ad honorem.

-¿El espíritu sigue siendo el mismo que en aquellos años? ¿Cómo definiría ese espíritu de trabajo?

-Creo que sí. Por supuesto que hay cambios, porque el mundo cambió, pero diría que sí. Lo definiría como una identidad tribal… Eso es lo más cercano que se me ocurre. Es una relación casi de familia, de pertenencia. Hay una conexión…

-Muchos egresados se van a vivir a otras ciudades. Usted se quedó a vivir acá e hizo toda su carrera acá, ¿qué balance puede hacer?

-A mí me encanta Bariloche, por eso hice mi casa y tuve a mis hijos acá. Con respecto a mi familia, tengo tres hijos y siete nietas. Una de mis hijas es psicoanalista y la otra trabaja en una empresa familiar; las dos viven en Buenos Aires. Mi hijo se graduó de Ingeniero Químico y trabaja en INVAP, acá en Bariloche. En la parte profesional, como investigadora, nunca fui gran cosa. Siempre trabajé en equipo. Lo que rescato y que me dio mucha satisfacción personal fue que hace unos 30 años junto con otro colega, Ernesto Martínez, empezamos a hacer talleres en ciencias y matemáticas para profesores secundarios y terciarios de todo el país y también de Latinoamérica. Estos talleres se hacían una vez por año, durante una semana, cuando había vacaciones acá. En ese trabajo me sentí muy realizada y pude generar cosas propias. Incluso escribí un libro de texto, El Caballo Esférico, que fue muy satisfactorio.

-También empezó a dar clases vía Internet…

-Hace 15 años, después de que me jubilé, en la Universidad del Comahue se creó una Maestría en Enseñanza de las Ciencias y empecé a dar cursos por Internet, que es un medio fantástico. Me dio mucha satisfacción. Si uno se dedica, puede tener incluso mejor contacto que en las clases personales. Porque en la clases presenciales, uno está limitado por el tiempo. Siempre hay 5 ó 6 personas activas pero muchos que no hablan nunca. No hay tiempo para conocer a todo el mundo. Con un curso on line, uno puede dedicarse a cada alumno porque no se está corriendo con los tiempos. He tenido cursos de hasta 30 alumnos.

-Hay gente mayor que no quiere aprender a usar Internet.

-Es una lástima. Yo empecé a trabajar con computadoras en 1964, cuando estaba en Berkeley, con las tarjetas. Yo viví toda mi vida con computadoras. Pero es importantísimo no dejar de aprender cosas nuevas, no importa la edad ni la profesión.

-¿Quiere contar algún recuerdo de Balseiro? ¿Para usted era un genio o su valor era esforzarse?

-Balseiro era un hombre de capacidades superiores, porque nada más cubrir todo lo que él cubría… Me acuerdo de un curso de verano, en el año 60, que al final tuvo una especie de congreso en broma. Era una especie de caricatura de un congreso de física. Las presentaciones eran totalmente disparatadas, desopilantes de risa. Balseiro fue uno de los que participó. Él habló sobre unas notorias personalidades de la física argentina, como un ex rector de la Universidad de La Plata, que fue rector por motivos políticos. Sus iniciales eran C.P, y le decían “caballo pintado” porque se rumoreaba que había pintado un caballo en una carrera (risas). También había un mexicano que vino al curso, que improvisó toda una sátira en verso de su estadía en el Instituto.

-¿Balseiro solía hablar sobre su colaboración en el reporte sobre la Isla Huemul?

-Sí, está todo en el Informe. Él hablaba del tema, y también sobre Richter. También contó sobre un rumano que apareció en algún momento y que también le quería vender un buzón al Estado argentino, no sé con qué éxito. Ya no me acuerdo los detalles.

-Usted escribió un artículo sobre Gaviola. ¿Cómo se llevaban Balseiro y Gaviola?

-Muy bien. Gaviola era un tipo muy noble. Muy cabeza dura pero muy noble. Él valoraba completamente lo que hacía Balseiro y lo apoyó en todo momento.

PIONERA EN LA DOCENCIA DE FÍSICA MÉDICA

Autora del libro de física aplicada a temas de biología y medicina “El caballo esférico” para docentes de educación media, Grunfeld forma parte de un grupo de pioneros en enseñanza de las ciencias. Participó en el dictado de cursos de física médica y en la creación de la Maestría en este campo en el Instituto Balseiro.

-¿Podría contar cómo surgió la idea de escribir el libro “El caballo esférico”?

-En alguna reunión de enseñanza de la física me invitaron a dar una charla, y hablé sobre los rayos X y sobre qué ocurre cuando se hace una radiografía. En el público había muchos docentes secundarios de física, que no tenían idea del tema. Algo lamentable. En realidad, el problema es que los institutos de formación docente hoy son muy deficientes. Hace muchos años, estaba el Joaquín B. González, en Buenos Aires, que era el Instituto estrella de formación docente, pero después se pasó por una etapa de decaimiento y en todo el país por lo general son pobres.

-Entonces el libro surgió como una necesidad para llegar a los docentes…

-Porque los libros de física que se usan están escritos bajo la conducción de los gerentes de marketing de las editoriales que lo único que hacen es copiar otros libros, poner muy lindos dibujitos… Falta innovación en los textos. Hay mucha inercia en los textos escolares. Hay mucha influencia comercial de lo que se vende. No sé… Para presentar algo innovador y nuevo, tiene que ser una persona independiente que lo proponga. Esto funcionó. Son temas de física en biología y medicina.

-Algo que comenta en la introducción del libro “El caballo esférico” es la importancia de que en una sociedad donde hay ciencia y tecnología en todos lados, haya más conocimiento sobre qué es la ciencia y la tecnología. ¿Qué piensa de la escuela y cuál es el desafío para los docentes?

-Uy, el desafío para los docentes… Eso da para hacer otra entrevista. El gran desafío es que el docente sea revalorizado. Desde su formación, que es cada vez más pobre, y por lo cual naturalmente pasa a ser un estamento menor. El docente tiene que ser más importante y para ello tiene que ser más capacitado y más autónomo. Hay demasiada organización, superestructura, de los ministerios… Yo trabajé como asesora del Ministerio de Educación durante muchos años y fue una gran decepción, pero da para otra entrevista.

-En la introducción de su libro destaca lo importante que es que en vez de que los chicos digan “puaj, física”, digan que puede ser interesante la física y que de hecho lo es. ¿Cómo se logra eso?

-¿Cómo se logra eso? Se consigue al generar que el docente haya dicho alguna vez “Ahhhh!”, que no pierda el asombro y el interés y la sensación de transmitir entusiasmo. La importancia de transmitir entusiasmo es clave, y eso lo puede hacer una persona que se siente autosuficiente y que pueda crecer.

-¿Cómo se empezó a interesar en la enseñanza de temas de física médica?

-En el año 88, hubo una reunión de la AFA acá o no recuerdo si fue otra reunión. Pero en ese año hubo una seria intención de comenzar una carrera de física médica, estaba Emma Pérez Ferreira como presidenta de la CNEA, y durante esa reunión se formó una comisión de trabajo de la cual participé, para evaluar ese proyecto. Eso finalmente no se concretó como se pensaba acá, pero sí se concretó la FUESMEN (Fundación Escuela de Medicina Nuclear) en Mendoza. Seguí interesada en la física médica, y seguí en contacto con profesionales en el área. Luego en Buenos Aires se comenzó a dar una maestría en física médica y participé. El grupo de gente que se reunió en Bariloche en el ’88 luego creó la Sociedad Argentina de Física Médica (SAFIM), que hoy reúne a los profesionales de este campo.

-¿Cuál fue su rol en el inicio de la Maestría de Física Médica en el Instituto?

-Cuando comenzó, di un curso de introducción. En realidad, lo ofrecí como una materia optativa en el Instituto primero y lo di durante varios años justo antes de jubilarme. Varios de los cursantes  después se dedicaron a la física médica profesionalmente. Están en FUESMEN, en Buenos Aires y en el exterior.

-En su labor profesional, ¿trabajó también en el campo de la física médica?

-No trabajé en física médica pero sí trabajé con la gente que estaba en ese campo para armar los programas y los contenidos curriculares. Fui a congresos internacionales donde presenté trabajos sobre los cursos de formación que estábamos haciendo. La física médica es algo nuevo en todo el mundo: surgió con la complejidad de la medicina actual. Pero es un campo de la física.

REFLEXIONES SOBRE EL HOY, LA ENSEÑANZA Y EL INSTITUTO

A los 80 años de edad, Grunfeld es una persona muy humilde con respecto a todos sus no menores logros profesionales y académicos. Sin embargo, se permite enorgullecerse a la hora de hablar sobre sus tres hijos y sus siete nietas. También se alegra al contar que fabrica dulces de frutas con lo cosechado en su propio jardín. Para finalizar la entrevista, reflexiona sobre el estado de la educación y la importancia de la generación de entusiasmo en los docentes.

-¿Hoy a qué se dedica?

-Me dedico a mi jardín, a mis plantas y a mis nietas. Tengo una estudiante de maestría en enseñanza de las ciencias. Una que fue alumna de uno de mis cursos online y ahora está haciendo la tesis, en la Universidad del Comahue.

-¿En su vida a qué se ha dedicado además de la física, la docencia y la ciencia?

-He leído muchísimo.

-¿Algunos autores que no faltan en su biblioteca?

-Muchos… Joseph Conrad…

-¿Algún latinoamericano?

-De cabecera no, honestamente no. En realidad, nunca me fijé de qué origen eran. Ahora hay una escritora norteamericana que se llama Barbara Kingsolver, que es excelente. En serio, si uno lee inglés no se lo puede perder. No sé por qué le dieron el Nobel a Alice Munro porque ésta es mucho mejor. Tiene unos libros extraordinarios.

-¿Qué otros pasatiempos tiene?

-Deportes, de todo. Treckking en las montañas y los refugios (Tronador, Frey), tenis, caminatas. Hoy sigo haciendo mucha caminata. Aparte voy a pilates, voy a la pileta. Me dedico a mi jardín, con frutales y huerta. Hago dulces para toda la familia, porque tengo un freezer que lo lleno de pulpa y después todo el año hago dulce.

-Uno de sus hijos es ingeniero y trabaja en Invap. ¿Lo influenció a la hora de elegir su carrera? ¿O su papá?

-Su papá también es físico, pero no…

-Dos físicos y un hijo ingeniero. Es el colmo de los físicos, ¿o no?

-Y, sí…

-¿En base a su experiencia qué es lo que destaca del Instituto?

-El Instituto es maravilloso pero no es el único lugar, gracias a Dios. En Argentina hoy hay muchos otros lugares de excelencia en  física o ingeniería, cosa que no pasaba hace 50 años. Y eso ha sido en parte posible gracias a lo que se hizo aquí.  Pero más allá de la excelencia en el área científica, lo que yo considero muy especial  es el espíritu de pertenencia, de tradición, de una historia común. Algo que – otro admirable legado de Balseiro – se extiende también a los empleados no profesionales en ciencia y tecnología, y genera una atmósfera de dedicación y esfuerzo compartido.

Ir a parte I de la entrevista a Verónica Grunfeld: ingresar en este link.

Por Laura García Oviedo- Área de Comunicación del Instituto Balseiro

 

Para Grunfeld, la utilización de Internet en el ámbito educativo es una gran ayuda para los docentes (Crédito foto: Laura García Oviedo / Prensa Instituto Balseiro).

 

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Instituto Balseiro

San Carlos de Bariloche, 31/07/2015

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